Es esta una pregunta que se hace una buena parte de la población, necesitada de conocer el estado de las reservas de la naturaleza. A esta pregunta le siguen otras no menos legítimas y oportunas: ¿Es posible su preservación? ¿Qué grado de erosión real la afecta? ¿Qué estrategias resultan viables a fin de proteger sus fondos? ¿En qué medida la ciencia y la tecnología cumplen con una función de resguardo de esa naturaleza, que a todos preocupa? La depredación económica, la expansión militarista, unidas a los efectos naturales del cambio climático, exigen una nueva adaptación frente a lo impredecible. Pero, ¿qué lugar será dado al ser humano en este declive? ¿Es posible construir un mundo y un futuro deseables?