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txisti; © Rodrigo Pérez. Todos los derechos reservados.
Txisti; Rodrigo Pérez

Realidad, pulsiones totalitarias, memoria y sonido

La tercera jornada de los Encuentros empezó intentando responder a una pregunta fundamental: ¿qué es la realidad? Sobre ello conversaron el físico Juan Ignacio Cirac, pionero de la computación cuántica, y el filósofo Daniel Innerarity, buscando traspasar la frontera entre ciencias y humanidades y acercar la física, la teoría y la sociedad. Una reflexión sobre la transformación tecnológica y sobre el reto de poner el conocimiento científico al servicio de la humanidad.

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Lejos de posiciones apocalípticas, el diálogo planteó interrogantes sobre la capacidad real de la inteligencia artificial para transformar las sociedades y sus formas de gobernanza, así como sobre los cambios culturales y de mentalidad que puede traer consigo el conocimiento cuántico. Cirac recordó que la física cuántica lleva más de un siglo intentando comprender qué es la realidad y qué hay más allá de nosotros. Es la teoría más precisa que tenemos y está también en la base de buena parte de la revolución tecnológica que ha hecho posible el desarrollo actual de la inteligencia artificial.

Innerarity aportó la mirada de la filosofía, una disciplina empeñada en pensar la totalidad y buscar el todo. Dos perspectivas distintas que terminaron confluyendo en un mismo desconcierto ante un futuro capaz de conducirnos hacia avances y posibilidades que hoy ni siquiera somos capaces de imaginar. Y una pregunta que permaneció abierta: cómo conseguir que la ciencia sea realmente útil para la humanidad y evitar que los oligarcas tecnológicos puedan llegar a «privatizar» el futuro.

Poco después, una abarrotada Sala de Cámara escuchó a la profesora de filosofía política Simona Forti adentrarse en otra de las cuestiones que recorren esta edición de los Encuentros: las nuevas formas que puede adoptar la «pulsión totalitaria». Forti habló de la concentración del poder económico y político en las grandes empresas tecnológicas, cada vez más vinculadas a los gobiernos; de un totalitarismo algorítmico capaz de intervenir en nuestras vidas y erosionar incluso nuestra capacidad para distinguir entre lo real y lo construido; y de una dimensión biopolítica que convierte determinadas vidas en sobrantes o prescindibles, visible también en las muertes en el Mediterráneo y en la gestión de las fronteras. A ello añadió el progresivo vaciamiento de las instituciones democráticas y unos discursos de las derechas radicales que presentan la propia democracia como un sistema fracasado u obsoleto.

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Por la tarde, Unsuk Chin, una de las grandes referentes de la composición contemporánea, conversó con el compositor vasco Ramon Lazkano sobre algo tan difícil de explicar como el lugar desde el que nace una obra. Para Chin, componer ha terminado formando parte inseparable de su propia persona: no es únicamente algo que hace, sino algo que ya forma parte de quién es.

En esa búsqueda apareció la infancia, o quizá la infancia que no llegó a tener. Obras como Alice in Wonderland vuelven una y otra vez hacia ese territorio. Unsuk Chin recordó una niñez muy difícil en Corea, marcada por la pobreza, la violencia y una dictadura militar. Contó que siente que nunca tuvo una verdadera infancia y que quizá por eso parte de su música intenta imaginar, ya desde la edad adulta, aquella infancia feliz que faltó.

También habló de su estrecha relación con la voz humana y de una tradición coreana profundamente musical. El teatro tradicional de su país, capaz de aceptar voces muy diferentes y llevarlas hacia posibilidades casi infinitas, permanece de alguna manera en su forma de escuchar y de componer. Todo lo vivido vuelve transformado a sus partituras. Incluso una obra como Graffiti nace de esa atención hacia las huellas, los gestos y las imágenes de la vida urbana.

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Tras las palabras llegó la posibilidad de escuchar aquello de lo que se había estado hablando. El concierto Reimaginar el cuarteto de cuerda reunió cuatro obras de los compositores invitados a los Encuentros de 2026 y fue llevando al público por formas muy diferentes de expandir un mismo conjunto instrumental.

Primero sonó ParaMetaString, de Unsuk Chin, donde el cuarteto de cuerda se prolonga y se transforma a través de la electrónica. Después, Etze, de Ramon Lazkano, devolvió toda la atención a las cuatro cuerdas desnudas. El recorrido continuó con el Cuarteto de cuerda n.º 3, La mémoire incendiée de Mauricio Sotelo.

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El público abandonó la Sala de Cámara y salió al hall de Baluarte. Allí, junto a la gran encina de Perejaume, el espacio se convirtió también en instrumento y el compositor en director. Bajo de la dirección del propio Beat Furrer, sonó Litanei , basada en versos y manuscritos de la escritora Ingeborg Bachmann conectados con la poeta y música renacentista Gaspara Stampa.

La voz de la soprano Elina Viluma-Helling, el clarinete de Eduardo Raimundo y las cuerdas de 4Sonora comenzaron a ocupar un lugar en el que el sonido parecía desplazarse, rodear los cuerpos, acercarse y alejarse. Un conjunto instrumental que contrasta con el sonido del lenguaje hablado, integrando la voz en un espacio armónico resonante.

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La fragilidad y la belleza, el virtuosismo, la arquitectura, la voz, la madera y la presencia silenciosa de la encina crearon una atmósfera única, transformando el espacio y rompiendo límites temporales.

FOTOGRAFÍAS: Txisti_photo